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Con la muerte de Antonio Valentín Angelillo se fue uno de los últimos carasucias

La estampa de Antonio Valentín Angelillo. Con Antonio Valentín Angelillo, fallecido en Italia a los 80 años, se va uno de los últimos Carasucias, que pudo haber cambiado la historia del fútbol argentino. Uno de los más finos jugadores de la década del ’50, integró la delantera de aquella selección campeona en el Sudamericano de 1957; equipo que, de tanto deslumbrar en el estadio Nacional de Lima, se desmembró antes de la gran prueba que significaba la vuelta a los Mundiales después de dos décadas de ostracismo.

Al combinar destreza, elegancia y eficacia, Angelillo se distinguía como el centrodelantero de aquel equipo del ’57, en una línea de ataque que integraban Orestes Omar Corbatta, Humberto Maschio, Enrique Omar Sívori y Osvaldo Cruz. Fueron bautizados “los ángeles de las caras sucias”, como el título de una película estadounidense de la década del ’30.

La campaña de aquel conjunto fue deslumbrante: ganó cinco de los seis partidos que jugó, marcó 25 goles y solo recibió 6; conquistó el título superando 3-0 a Brasil (que un año más tarde sería campeón mundial) en la última fecha: con 19 años, Angelillo marcó el primer tanto, el último de su cuenta personal, que llegó a 8, uno menos que Maschio, el goleador del torneo.

Italia reclamó tamaña calidad: Sívori pasó a la Juventus, Maschio se fue al Bologna; a Angelillo lo vendieron al Inter en la noche de un amistoso Argentina-Uruguay en la cancha de Huracán, el 5 de junio de 1957. Fue su último partido en el país, su último gol con la selección.

Como se marchó antes de cumplir con el servicio militar, por entonces, obligatorio, fue declarado desertor, y no pudo regresar al país a lo largo de dos décadas. Se quedó sin Mundial, lo mismo que Sívori y Maschio. Los tres, en cambio, actuaron más tarde en la selección italiana.

Nacido en Parque Patricios (” en una ciudad en la que el fútbol era el segundo arte después del tango” , declaró en 2005), Angelillo se había iniciado en Arsenal de Llavallol; debutó en Primera a los 17 años con Racing, en dónde jugó 12 partidos; en Boca marcó 16 tantos en 34 partidos, antes de ganarse un lugar en el corazón neroazzurro: en la temporada 1958/59 se convirtió en el goleador de la Serie A, con 33 tantos, una marca nunca superada en Italia para torneos de 18 equipos. “Nunca vi un centrodelantero tan completo como él” , afirmó una década atrás Massimo Moratti, titular del Inter durante 20 años; su padre Angelo había contratado a Angelillo, que jugó en la península hasta 1969, pasando por la Roma, el Milan y el Genoa, marcando 113 goles.

Sin éxito en la dirección técnica una vez retirado, el Inter le dio un cargo como representante para América Latina en la detección de talentos: fue Angelillo quien recomendó en 1995 la contratación de un lateral de Banfield. Con el tiempo, Javier Zanetti se convirtió en el futbolista emblema del club, con 857 partidos disputados; es el actual vicepresidente.

Angelillo falleció el viernes en un hospital en Siena; la familia pidió mantener la noticia en secreto hasta pasado el funeral.

LA NACION Deportes

Sarkis Mohsen

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