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Yo si olvido el año viejo. Chau 2017

Para Pedro Augusto Salazar el año 2017 deja un sabor amargo, hace casi dos meses el segundo de sus hijos, Asdrúbal, recogió sus maletas y partió hacia Perú con su título de ingeniero bajo el brazo y el alma cargada de sueños. Las elecciones regionales representaron su última esperanza para evitar partir al exilio obligatorio, se lanzó con todo a trabajar por el candidato de la oposición, sin embargo, el resultado en su Apure natal termino favoreciendo al gobernador oficialista Ramón Carrizales, y dejo al joven ingeniero civil sin la posibilidad de optar a un cargo público que le permitiera lograr un sustento, y así evitar abandonar su patria. Su padre tuvo que aceptar desconsolado la dura realidad, su hijo no disponía de opciones para seguir en Venezuela, quedarse significaba enfrentar la dura crisis que atraviesa el país, donde la escasez de alimentos y medicinas han sumido a la población en una situación desesperada, en tanto, la inflación desorbitada que supera el 2000% hace que el salario de los trabajadores termine escurriéndose como agua y sal entre las manos. Y lo peor es que en el horizonte está más encapotado que nunca, según los analistas se prevé que 2018 sea más duro todavía. Aunque, mucha gente cree que el país ya ha tocado fondo, todo parece indicar que el abismo continuara abierto, engulléndose todo lo que encuentra a su paso en la nación con las mayores reservas petroleras y auríferas del mundo.

La situación de Pedro es la misma que le ha tocado vivir a la mayoría de los más de treinta millones de venezolanos, el hambre empieza a hacer estragos, la gente no consigue los artículos de primera necesidad, y cuando logra hacerlo sencillamente no puede pagarlos. A l momento de escribir esta nota se registraban algunas tímidas protestas en varias regiones del país, situación que muchos piensan es solo una pequeña muestra de lo que se viene en enero cuando la escasez se intensifique y el dinero de las utilidades ya no exista, porque si para algo sirvieron los aguinaldos fue para paliar un poco las necesidades alimentarias de las familias de los sectores populares, y de la otrora clase media abolida por la crisis que ya se extiende por cuatro años que parecen siglos.

Este año las navidades perdieron totalmente su carácter festivo, la gente no tuvo capacidad para comprar los estrenos, la tradicional cena navideña estuvo ausente en la casi totalidad de los hogares, las bebidas alcohólicas se convirtieron en un lujo imposible de sufragar, ni siquiera se escucharon detonaciones de fuegos artificiales, la navidad más austera de la historia, y eso para un país como Venezuela resulta algo realmente relevante.

Desde el gobierno se hace lo imposible por esconder la trágica situación, como por arte de magia se fabrican responsables de todo lo que pasa; el imperio, Almagro, Julio Borges, la fiscal, Rafael Ramírez, Portugal con el caso de los perniles. Han hecho una perfecta apología del sabotaje, todo se debe a los malintencionados que no quieren que el gobierno eficiente siga marchando a “paso de vencedores”.

El clientelismo y la compra de conciencias se han convertido en algo rutinario, cada vez que se acerca un proceso electoral se recurre a esta nueva estrategia muy poco revolucionaria, pero al parecer efectiva. Nicolás Maduro habla de un año cargado de victorias; la ANC, las elecciones regionales, las elecciones municipales, y promete que en el 2018 también arrasaran en las presidenciales todavía sin fecha definida, algunos juegan a adelantar el proceso para coger a la oposición en plena dispersión, para los analistas el gobierno puede estar pisando su propio peine, ya que en el mejor de lo casos su votación apenas ha superado los cinco millones y medio de votos, y eso con toda una maquinaria de chantaje electoral a disposición, y con un CNE que oficia como una oficina más del PSUV, y a pesar de todo esto su votación se encuentra estancada, algo lógico de acuerdo a los niveles de desaprobación del gobierno. Existe una población pasiva, agazapada, que solo espera la oportunidad para cobrarle al presidente todos estos años de sufrimiento, es posible que de darse unas elecciones en condiciones relativamente limpias el gobierno sufra una derrota estruendosa. Aunque se hagan los sordos, en el fondo les preocupa el rumor de la calle, saben que juegan con fuego, que tarde o temprano pueden acabar quemándose. Como está planteado el escenario son ellos los que tienen la última palabra, o retornan al camino de la institucionalidad, o el país continúa aislado a nivel internacional, como una nación paria, bloqueada y sancionada, y entonces, solo habrá más hambre y más desolación.

Este año que finaliza nos deja un mundo más desigual que nunca, la acumulación de riquezas en pocas manos alcanza niveles jamás vistos en la historia de la humanidad, hoy, los cinco hombres más ricos tienen más dinero que el 50% más pobre de los habitantes de la tierra, o lo que es lo mismo, solo cinco personas tienen más recursos económicos que casi 4.000 millones de seres humanos. Marx seguramente hubiese palidecido al ver a un Jeff Bezos con un patrimonio de 100.000 millones de dólares, con expectativas de seguir creciendo, y tal vez en un futuro cercano convertirse en el primer trillonario de la historia. Este dato alcanza mayor relevancia cuando según informes de la ONU con apenas un tercio de ese capital se podría acabar con el hambre que padecen casi 1.000 millones de pobres. Nos enfrentamos a tiempos difíciles, la burguesía financiera continúa acumulando todos los recursos de la tierra, mientras, las grandes mayorías apenas tienen como sobrevivir.

Al cerrar el telón del 2017 nos preguntamos qué podemos hacer para contribuir a tener sociedades más justas, el caso venezolano es un claro ejemplo de cuan mal se pueden hacer las cosas, es inconcebible que en un país tan rico estemos pasando por una situación económica tan terrible. En nuestro caso solo puedo decir que el pueblo tiene la obligación de alzar su voz, no se puede seguir tolerando el abuso y la ineptitud, hay muchas cosas en juego, fundamentalmente el futuro de nuestros hijos y el destino de una nación históricamente grande como pocas.

Depende de nosotros, entre todos podemos construir la sociedad justa e igualitaria, una sociedad productiva que se coloque al nivel de los mejores países del mundo, solo es cuestión de compromiso colectivo, como un solo ente, millones de almas compenetradas en un sentimiento nacional de refundación patria.

 

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Sarkis Mohsen

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