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Novela gráfica: leer, pero en imágenes

Entre fines de los años 90 y comienzos del siglo XXI, a los autores norteamericanos Chris Ware, Daniel Clowes, Seth y Craig Thompson, que dieron nuevo impulso a la novela gráfica, se sumaron otros artistas de diversos lugares del mundo: el canadiense Guy Deslisle, autor de Crónicas de Jerusalén y Pyongyang , entre otros; la iraní Marjane Satrapi, autora de Persépolis , y el suizo Frederik Peeters, autor de Píldoras azules , por ejemplo, ampliaron el horizonte de la novela gráfica a una perspectiva personal sobre acontecimientos del mundo.

Foto: Decur La crónica periodística encontró también su formato gráfico: Joe Sacco conmovió al mundo con Palestina: en la franja de Gaza y El final de guerra , coberturas gráficas de la guerra. En esta línea, en la Argentina, el cronista Julián Gorodischer se lanzó a contar escenas de la persecución nazi a los judíos y la búsqueda de nazis en los años posguerra en Camino a Auschwitz , en alianza con el artista plástico Vergara (Planeta).

Y las alianzas entre autores e ilustradores se multiplican, para dar piezas de alto impacto visual y narrativo, como el clásico dúo de Pablo De Santis con Juan Sáenz Valiente, autores de El hipnotizador (Colihue) y la reciente Cobalto (en Hotel de las Ideas).

Entre los consagrados en la literatura o el cine que pueden ser llevados (renovados) en el formato de novela gráfica, se cuentan, por ejemplo, La ciudad ausente , de Ricardo Piglia, con guión de De Santis e ilustrado por Luis Scafatti, o Las alas del deseo , basado en la película de Wim Wenders en impactante libro gráfico del dúo Sebastiano y Lorenzo. Ejemplos de un fenómeno en plena expansión y de enorme despliegue expresivo.

Gran formato, impresiones de calidad y cuidadas ediciones: el primer rasgo de la novela gráfica es que siempre se trata de libros-objeto portentosos.

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Tesoros de imprenta que encierran historias a todo color, con muchas o pocas palabras y tramas de alta intensidad.

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Allí los autores se sumergen en la crónica periodística, la literatura del yo, las biografías, la ficción narrativa, la historia reciente y hasta la reversión de ciertos superhéroes con nuevo carácter.

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Algunos señalan como fecha inaugural del género el año 1980, con la publicación de Maus , de Art Spiegelman, relato acerca de la persecución nazi en el que los alemanes son gatos y los judíos, ratones.

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Luego vendrían otros títulos paradigmáticos: The Dark Knight Returns , de Frank Miller, y Watchmen , de Alan Moore y Dave Gibbons.

Instalados sus clásicos fundacionales, la novela gráfica comienza a ocupar un lugar en librerías y bibliotecas, e incluso nace una crítica especializada.

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Amadeo Gandolfo, que junto con Pablo Turnes edita Kamandi ( www.revistakamandi.com ), un visitado sitio online que reseña novelas gráficas, señala: “El furor de la novela gráfica, que no puede separarse de la historieta, se da porque estos libros se dirigen a un público en general adulto, tienen cierta extensión de páginas, se permiten una experimentación gráfico-narrativa y trabajan temas contemporáneos y algo problemáticos, aunque también puede haber reinvenciones de obras clásicas.

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El rótulo novela gráfica no es sólo una estrategia editorial para vender más a un público al cual el término ?historieta’ le resulta peyorativo, sino también una forma contemporánea de leer en imágenes”.

Las definiciones del género reconocen influencias varias: “La novela gráfica, como la historieta, es un medio gráfico a través del cual se puede narrar.

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O sea, no se distingue de la historieta porque es historieta. Es cómic. Y la historieta tiene lo mejor de dos géneros: el cine y la literatura”, define Liniers, ilustrador y autor de alcance internacional que ha compilado recientemente -junto con Martín Pérez – la antología DisTinta (Sudamericana).

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Y que además, desde su sello, La Editorial Común, impulsa la difusión del género: “Decidimos publicar novela gráfica porque había muy pocos ejemplos de este formato en la Argentina.

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Queríamos apoyar a artistas locales y a la vez llevar afuera novelas publicadas que sabíamos podían inspirar y abrir el camino en la Argentina y la región”.

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En su catálogo figuran los relatos de PowerPaola ( Virus tropical y PQ ), Federico Pazos ( La ciudad de los puentes obsoletos ) y Jorge Gonzalez, con Fueye , entre otros.

La comparación con el cine puede dar una clave de lectura: los planos ilustrados de estas novelas se articulan en diferentes ritmos, abundan los flashbacks y los fundidos a negro.

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Incluso algunas producciones, como Che , con texto de Jon Lee Anderson e ilustraciones de José Hernández (Sexto Piso) o Cortázar , de Jesús Marchamalo y Marc Torices (Nórdica), mantienen el formato de presentación de las películas clásicas: una primera escena introduce al lector en el ambiente, el cuadro se acerca al personaje y a la historia, y luego vienen los títulos (que imitan los créditos del cine), para dar paso en la página siguiente al relato central “veinte años más tarde”, característico de muchas películas clásicas.

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Casi, casi podría escucharse la música incidental que crece en determinadas páginas.

¿Ficción o no ficción? “Nos interesan las historias de autor, que tengan un equilibrio entre la parte gráfica y narrativa”, dice Catalina Mejía, editora del sello Salamandra Graphic, que publicó El árabe del futuro , de Riad Sattouf, La vida es buena si no te rindes (Seth) y Alack Sinner , clásico nacional de José Muñoz y Carlos Sampayo.

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“Que los lectores sientan que están leyendo algo visualmente bonito, atractivo y potente pero a su vez que la historia en sí cuente algo”, señala Mejía, cuyo sello acaba de publicar Vincent , de la holandesa Barbara Stok, que anteriormente había publicado relatos cortos sobre hechos autobiográficos.

Precisamente, la biografía, la historia personal y la crónica periodística podrían señalarse como los favoritos de la novela gráfica.

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“Cada vez más a los lectores les interesan temas cercanos con los cuales puedan identificarse”, explica Mejía.

La tendencia es marcada: desde Guy Delisle -que cuenta sus travesías en Crónicas de Jerusalén y en Pyongyang un viaje Corea del norte (La Editorial Común)- hasta Joe Sacco, creador del periodismo gráfico ( Gorazde, zona segura , entre otros títulos editados por Planeta Cómic de España), las producciones incursionan en la crónica y la literatura del yo, donde lo autobiográfico permite mostrar vínculos afectivos y conflictos políticos o sociales desde la perspectiva de un narrador que comparte nombre y rasgos físicos con el autor.

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En nuestro medio, Sole Otero se animó a contar lo cotidiano en La pelusa de los días (La Cúpula) y, con mirada personal y paleta de colores vigorosa, publicó este año Poncho fue (Hotel de las Ideas), una novela sobre el amor asfixiante.

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También Ezequiel García, en Llegar a los 30 (Emecé), se animó a la “historieta de autor”.

“La expansión de la novela gráfica tiene que ver con la explosión de las redes, que permiten que uno esté más informado acerca de lo que hay en librerías y sobre lo que hacen otros dibujantes”, sostiene María Luque, autora de La mano del pintor (Sigilo), una novela gráfica que cuenta su vínculo familiar (y fantasmático) con Cándido López, el artista que pintó la Guerra del Paraguay.

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En la ficción, Cándido y María comparten sus ideas acerca de la pintura, el fanzine, el mundo del arte y la historieta.

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Por afuera de la ficción, y haciendo uso de las redes, María Luque impulsa el Festival Furioso, un encuentro periódico de artistas fanzineros e historietistas que se realiza en Rosario.

También a partir de las redes se organizan grupos creativos internacionales, como Chicks on Comics.

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“Las fundadoras son PowerPaola y Joris Bas, que en 2008 convocaron a distintas historietistas mujeres para formar un colectivo que se sirviera de las redes sociales para comunicarse y exhibir su trabajo”, dice Delius, una de sus integrantes.

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En grupo o en soledad, las mujeres ocupan un lugar en el panorama actual de la narrativa gráfica. Daniela Kantor, por ejemplo, se juega a contar sus cuitas de madre y mujer maravilla en Madre primeriza (Burlesque), el relato de una superheroína que lucha contra los pañales sucios y el cansancio.

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“Cuando el grupo comenzó, debatíamos sobre cosas que se piensan típicas de mujeres y hoy los temas se han diversificado: hablamos de migración, guerra, arte, política, trabajo, amor, relaciones personales, género; no hay un tema específico, compartimos nuestros intereses libremente”, dice Delius.

El momento de auge es indudable.

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Imágenes, palabras, mezcla de cine y literatura que aborda la crónica, la biografía y la ficción, la novela gráfica es fruto de una época de mezclas y estallidos.

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Habrá que estar atentos. Continuará.

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